CUANDO PERDEMOS A UN SER QUERIDO
¿Qué es el duelo?
El duelo es el proceso psicológico que se produce tras una pérdida, una
ausencia, una muerte o un abandono. Es diferente para cada persona. Se pueden
sufrir diferentes síntomas emocionales y físicos como: ansiedad,
miedo, culpa, confusión, negación, depresión,
tristeza, shock
emocional, etc.
El dolor por la pérdida se puede experimentar no solo por la muerte,
sino cada vez que en la vida tenemos una experiencia de interrupción definitiva
de algo, de pérdida, de distancia que no podrá ser cubierta. La experiencia
emocional de enfrentarse a la pérdida, es lo que llamamos elaboración del
duelo, que nos conduce a la necesidad de adaptación a una nueva situación.
El duelo se trata de una herida y, por tanto, requiere de un tiempo para
su cicatrización.
En general se habla
de que en el proceso de duelo se distinguen varias fases, escalones que hay que
superar, aunque ello no significa que en todos los casos aparezcan todos.
Fases o etapas del duelo
Negación:
“No puede ser verdad”, “cómo ha podido ser”, “no es justo”… Son frases
que todos reconocemos haber utilizado alguna vez. La incredulidad es la primera
reacción ante un golpe de la vida. La negación es un escalón inevitable que hay
que atravesar y del que finalmente hay que salir para digerir la pérdida. Negar
es una manera de decirle a la realidad que espere, que todavía no estamos
preparados. El impacto de la noticia es tan fuerte que dejamos de escuchar, de
entender, de pensar. Puede suceder que en un primer momento el bloqueo sea tan
grande que no podamos ni sentir. La negación tiene el sentido de darnos una
tregua. Hay quien niega la pérdida pero también hay quien aceptando
precipitadamente la crudeza de la realidad lo que en realidad trata es de negar
el dolor.
Enfado:
Lo primero que debemos de hacer con la rabia es reconocerla y aceptarla
para poder sacarla fuera. La rabia tiene una razón de ser. Es pedir ayuda, nos
impulsa a tomar otros caminos, cuando estamos en el fondo del agujero nos hace
tomar impulso para salir a flote. Es un arma para la supervivencia.
Toda la rabia que se queda dentro, que intentemos negar o esconder nos acabará
machacando.
Negociación:
Es el momento en que fantaseamos con la idea de revertir la situación,
se puede llegar a pactar con quien haga falta hasta incluso con Dios
prometiendo lo que sea necesario. Se buscan formas de hacer que lo
inevitable no sea posible. Pero esta etapa es breve porque estar pensando
todo el día en soluciones es realmente agotador.
Miedo o depresión:
La persona siente tristeza, incertidumbre ante el futuro, vacío y un
profundo dolor. La persona se siente agotada y cualquier tarea se vuelve
complicada. “La vida es una mierda”, “no seré feliz nunca”, “no encontraré a
nadie igual” o “ya no volverá “ es lo que suele repetirse cuando la persona se
está enfrentando a su dolor. Pero a pesar de que pueda pensar que esto no
acabará nunca y que va a durar para siempre, la realidad es que solo
desde este punto podrá volver a reconstruirse.
Aceptación:
Es el último paso del
duelo. Nunca es fácil aceptar que lo que se perdió se perdió y no hay
vuelta atrás. Tenemos la alternativa de no aceptar pero una vez llegados aquí
nos damos cuenta de que si no lo hacemos el precio a pagar es muy alto.
Llegar a este punto requiere de un gran trabajo. Se trata de aceptar que las
piedras que vamos encontrando en la vida también forman parte del camino.
Sentirse “uno más” es una manera de devolver el duelo a su lugar y trabajarlo como un aspecto más de la vida, de ese proceso en que reconocemos que también la pérdida forma parte de la vida, de la misma forma que perdemos juventud, relaciones, lugares, seres queridos…..
Sentirse “uno más” es una manera de devolver el duelo a su lugar y trabajarlo como un aspecto más de la vida, de ese proceso en que reconocemos que también la pérdida forma parte de la vida, de la misma forma que perdemos juventud, relaciones, lugares, seres queridos…..
El duelo es patológico o no resuelto
Se convierte en duelo patológico cuando después de un tiempo la persona
sigue teniendo los mismos síntomas.
Es frecuente, que una pérdida no elaborada de forma adecuada de paso a
problemas emocionales e incluso trastornos psicopatológicos al cabo de meses o
incluso años.
Sin embargo, un duelo elaborado adecuadamente mejora las capacidades futuras para enfrentarse a las situaciones de pérdida, frustración o sufrimiento.
Un tema importante son los duelos en los niños, saber afrontarlos, hablarlos, no minimizarlos ni negarlos, porque la manera en que se enfrenten en sus primeros duelos les ayudará a crear esas capacidades futuras.
Sin embargo, un duelo elaborado adecuadamente mejora las capacidades futuras para enfrentarse a las situaciones de pérdida, frustración o sufrimiento.
Un tema importante son los duelos en los niños, saber afrontarlos, hablarlos, no minimizarlos ni negarlos, porque la manera en que se enfrenten en sus primeros duelos les ayudará a crear esas capacidades futuras.
La expresión tanto
a nivel social como familiar y personal de emociones acompañando a los
sentimientos de pérdida y a la importancia de realizar rituales que ayuden a
elaborar el proceso de adaptación a la pérdida, pueden evitar el desarrollo de
duelos patológicos y facilitar el proceso de duelo natural.
¿Cuándo debo de pedir ayuda?
La duración del duelo es variable, eso significa que pueden pasar meses
e incluso años. La mayoría de las personas elaboran el duelo de manera adecuada
pero existen otras que no lo logran, por ese motivo es importante tener claro
que síntomas son los que se mantienen y agudizan a pesar de que el tiempo
transcurra.
Cuando perdemos a alguien importante, un trabajo, una relación, etc,
sentimos de manera profunda tristeza, rabia, impotencia, miedo y nos duele y es
totalmente normal. Ahora bien, cuando estos síntomas acaban apoderándose de la
persona de manera que aparece un fuerte sentimiento de culpa y autorreproches
pueden llevar a esta a un estado de depresión.
En el caso de la rabia, en ocasiones se puede llegar a convertir en
deseo de venganza impulsando a la persona a llevarla a cabo. Por ejemplo, en rupturas
de pareja traumáticas perseguir y acosar al otro, intervenirle cuentas
bancarias, denunciarlo injustamente o pincharle las ruedas… Desplegar la rabia
en actos concretos no nos ayuda a desprendernos de ella, ni a superar el duelo,
por el contrario nos obligará por tiempo indefinido a permanecer en ese
escalón, nos impedirá pasar página y seguir adelante con nuestra vida.
En la mayoría de los casos la intensidad de estas reacciones disminuye
con el tiempo, una minoría desarrolla complicaciones de estos síntomas que
afectan a la salud mental y física.
Lo que distingue el duelo normal del patológico es el escalón (fase) en
que la persona se queda bloqueada impidiendo la elaboración de ese dolor.
Lo que ocurre en los duelos no resueltos es que las sensaciones, en lugar de producir cambios para ir avanzando en las diferentes fases, lo que hacen es justamente que llegan a paralizar el curso del duelo normal.
Lo que ocurre en los duelos no resueltos es que las sensaciones, en lugar de producir cambios para ir avanzando en las diferentes fases, lo que hacen es justamente que llegan a paralizar el curso del duelo normal.
¿Qué son los duelos
postergados?
Es difícil reconocerlos y atravesarlos. Esta sociedad de la
felicidad no nos deja estar tristes. La pena no tiene glamour y se considera
descortés mostrarse débil. Como si la tristeza fuese algo contagioso, como si
el dolor ajeno pudiese despertar el propio. A los afectados por el
virus del duelo se les mantiene a raya y con las mejores intenciones se les
inunda de mensajes del tipo “ venga, que tampoco es para tanto”, “ ¡anímate!”,
“ Eso ya pasó hace mucho tiempo”, “mírale el lado bueno”, y así poco a poco se
va invirtiendo una gran cantidad de energía para negarlo. Pero negar un duelo
es un mal negocio.
El duelo es un
proceso normal, largo, a veces muy largo, pero pasajero. Olvidar es
posible, y la vida no termina con el dolor del duelo, sino que en muchos casos
empieza justo ahí.
¿En qué consiste la terapia de duelo?
El tratamiento del duelo lo trabajamos a través de la Terapia Breve
Estratégica y EMDR (siglas en inglés de Desensibilización y Reprocesamiento a
través de Movimientos Oculares) que son las técnicas que han demostrado ser las
más innovadoras y eficaces para afrontar los procesos de duelo y trabajar los
bloqueos, las resistencias y las defensas.
Primeramente se deberá detectar en cuál de las fases de elaboración del
duelo se encuentra la persona.
Entre las primeras sensaciones aparece la rabia y esta puede dirigirse
hacia uno mismo o hacia los demás transformándose en sentimiento de culpa o
cólera. Cuando esta sensación se vuelve tan intensa llega a bloquear el proceso
normal de elaboración del duelo y entonces es necesario una intervención
inmediata que permita que esa rabia fluya para poder dar paso a las restantes
sensaciones que poco a poco irán apareciendo.
La rabia debe ser diluida en el caudal del resto de nuestra vida hasta
hacerse inofensiva. La rabia que no puede fluir lleva a revivir pensamientos y sensaciones
devastadoras.
Una de las principales maneras de trabajar la rabia es a través de la escritura. Si escribimos lo que sentimos conseguimos bajar su intensidad, descubriendo partes de la realidad que negábamos. Lo que queda después de la rabia es un profundo dolor y la única manera de superarlo es pasar por en medio.
Una de las principales maneras de trabajar la rabia es a través de la escritura. Si escribimos lo que sentimos conseguimos bajar su intensidad, descubriendo partes de la realidad que negábamos. Lo que queda después de la rabia es un profundo dolor y la única manera de superarlo es pasar por en medio.
¿Cómo superar la
muerte de un ser querido?
¿Debo de tomar
medicación para superar el duelo?
En ocasiones el impacto inicial es tan grande, el bloqueo se hace tan
fuerte y las emociones se vuelven incontrolables hasta llegar a incapacitar a
la persona para afrontar el día a día. En esas ocasiones la medicación es un
recurso adecuado, siempre controlada por el médico y durante un periodo de
tiempo limitado.
La psicóloga Júlia
Pascual dice que hemos de evitar patologizar lo que es normal. Añade que
medicar a priori un proceso doloroso en la vida que como tal debe de doler es
un error. De hecho, intentar anestesiar el dolor emocional con pastillas
puede llegar a convertirse en un problema. Es importante no recurrir a
la medicación como huida. Si recurrimos a la sobremedicación estaremos
bloqueando el proceso.
Blanca Díaz
Psicóloga Sanitaria
Formada por el psicólogo Nardone en Terapia Breve Estratégica y especialista en EMDR
Psicóloga Sanitaria
Formada por el psicólogo Nardone en Terapia Breve Estratégica y especialista en EMDR


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