EL PERDON ES PODEROSO




El perdón es una decisión no un sentimiento, porque cuando perdonamos no sentimos más la ofensa, no sentimos más rencor. Perdoná, que perdonando tendrás en paz tu alma y la tendrá el que te ofendió.
Muchas veces se nos hace difícil perdonar. Perdonar no desde las palabras, un“te perdono” puede resultar hasta una fórmula hecha, lo ideal es perdonar desde lo más profundo de nuestro corazón. Cuando hemos sido heridos, ofendidos, defraudados, algo se quiebra dentro de nosotros y lo que puede enmendarlo en alguna medida es el perdón genuino.
El ser humano tiende a encerrarse en su dolor cuando ha sido herido, como mecanismo de defensa nos distanciamos de aquel que causó nuestro dolor, como si alejándonos, la angustia disminuyera. Sin embargo, pocos entendemos que para sanear un corazón lastimado, el verdadero perdón es la mejor opción.
Cuando uno perdona desde lo más profundo de su alma, limpia las heridas, aleja el sabor amargo que ha quedado y deja vacío ese espacio que ocupaba el rencor o la ofensa para dar cabida a sentimientos y sensaciones más agradables.
Perdonar nos hace mejores personas. Perdonar implica también entender al otro, su circunstancia, su situación y –desde ese entendimiento- construir un mejor lazo, un vínculo de mayor empatía.
El perdonar en forma genuina –desde el alma- implica también volver a confiar. Cuando hemos sido defraudados o maltratados, no es fácil poner la otra mejilla, no somos Jesús, pero podemos intentar imitarlo.
Muchas veces sentimos que hemos perdonado, así lo creemos, pero a la hora de volver a arriesgarnos, de volver a confiar, el perdón se desdibuja y nos duele. Perdonar es recordar sin dolor.



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